»Si en la tierra que el Señor tu Dios te da para que la poseas, fuera encontrado alguien asesinado, tendido en el campo, y no se sabe quién lo mató, entonces tus ancianos y tus jueces irán y medirán la distancia a las ciudades que están alrededor del muerto. Y sucederá que los ancianos de la ciudad más próxima al lugar donde fue hallado el muerto, tomarán de la manada una novilla que no haya trabajado y que no haya llevado yugo; y los ancianos de esa ciudad traerán la novilla a un valle de aguas perennes, el cual no haya sido arado ni sembrado, y quebrarán el cuello de la novilla allí en el valle. »Entonces se acercarán los sacerdotes, hijos de Leví, porque el Señor tu Dios los ha escogido para que le sirvan y para bendecir en el nombre del Señor, y ellos decidirán todo litigio y toda ofensa; y todos los ancianos de la ciudad más cercana al lugar donde fue hallado el muerto, lavarán sus manos sobre la novilla cuyo cuello fue quebrado en el valle; y responderán y dirán: “Nuestras manos no han derramado esta sangre, ni nuestros ojos han visto nada. — NBLA