Los niños crecieron, y Esaú llegó a ser diestro cazador, hombre del campo. Pero Jacob era hombre pacífico, que habitaba en tiendas. Isaac amaba a Esaú porque le gustaba lo que cazaba, pero Rebeca amaba a Jacob. Un día, cuando Jacob había preparado un potaje, Esaú vino agotado del campo. Entonces Esaú dijo a Jacob: «Te ruego que me des a comer un poco de ese guisado rojo, pues estoy agotado». Por eso lo llamaron Edom. «Véndeme primero tu primogenitura», le contestó Jacob. «Mira, yo estoy a punto de morir», le dijo Esaú; «¿de qué me sirve, pues, la primogenitura?». «Júramelo primero», replicó Jacob. Esaú se lo juró, y vendió su primogenitura a Jacob. Entonces Jacob dio a Esaú pan y guisado de lentejas. Él comió y bebió, se levantó y se fue. Así despreció Esaú la primogenitura. — NBLA